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viernes, 4 de diciembre de 2015

LA HISTORIA DE DOROTEA: DESCRIPTIO PUELLAE


LA HISTORIA DE DOROTEA

Observad este cuadro de Tintoretto: SUSANA Y LOS VIEJOS

Leed el capítulo XXVIII

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; la cual prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo, cuenta que así como el cura comenzó a prevenirse para consolar a Cardenio, lo impidió una voz que llegó a sus oídos4, que, con tristes acentos, decía desta manera:
—¡Ay, Dios! ¡Si será posible que he ya hallado lugar que pueda servir de escondida sepultura a la carga pesada deste cuerpo, que tan contra mi voluntad sostengo! Sí será, si la soledad que prometen estas sierras no me miente. ¡Ay, desdichada, y cuán más agradable compañía harán estos riscos y malezas a mi intención, pues me darán lugar para que con quejas comunique mi desgracia al cielo, que no la de ningún hombre humano5, pues no hay ninguno en la tierra de quien se pueda esperar consejo en las dudas, alivio en las quejas, ni remedio en los males!
Todas estas razones oyeron y percibieron el cura y los que con él estaban, y por parecerles, como ello era, que allí junto las decían, se levantaron a buscar el dueño, y no hubieron andado veinte pasos, cuando detrás de un peñasco vieron sentado al pie de un fresno a unI mozo vestido como labrador, al cualII, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba los pies en el arroyo que por allí corría, no se le pudieron ver por entonces, y ellos llegaron con tanto silencio, que dél no fueron sentidos, ni él estaba a otra cosa atento que a lavarse los pies, que eran tales, que no parecían sino dos pedazos de blanco cristal que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido. Suspendióles la blancura y belleza de los pies, pareciéndoles que no estaban hechos a pisar terrones, ni a andar tras el arado y los bueyes, como mostraba el hábito de su dueño; y así, viendo que no habían sido sentidos, el cura, que iba delante, hizo señas a los otros dos que se agazapasen o escondiesen detrás de unos pedazos de peña que allí había, y así lo hicieron todos, mirando con atención lo que el mozo hacía, el cual traía puesto un capotillo pardo de dos haldas7, muy ceñido al cuerpo con una toalla blanca. Traía ansimesmo unos calzones y polainas de paño pardo, y en la cabeza una montera parda. Tenía las polainas levantadas hasta la mitad de la pierna, que sin duda alguna de blanco alabastro parecía. Acabóse de lavar los hermosos pies, y luego, con un paño de tocar, que sacó debajo de la montera, se los limpió; y al querer quitársele, alzó el rostro, y tuvieron lugar los que mirándole estaban de ver una hermosura incomparable, tal, que Cardenio dijo al cura, con voz baja:
—Esta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino divina.
El mozo se quitó la montera, y, sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parecía labrador era mujer, y delicada, y aun la más hermosa que hasta entonces los ojos de los dos habían visto, y aun los de Cardenio si no hubieran mirado y conocido a Luscinda: que después afirmó que sola la belleza de Luscinda podía contender con aquella. Los luengos y rubios cabellos no solo le cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo de ellos, que si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo se parecía: tales y tantos eran. En esto les sirvió de peine unas manos, que si los pies en el agua habían parecido pedazos de cristal, las manos en los cabellos semejaban pedazos de apretada nieve; todo lo cual en más admiración y en más deseo de saber quién era ponía a los tres que la miraban.
Por esto determinaron de mostrarse; y al movimiento que hicieron de ponerse en pie, la hermosa moza alzó la cabeza y, apartándose los cabellos de delante de los ojos con entrambas manos, miró los que el ruido hacían, y apenas los hubo visto, cuando se levantó en pie y, sin aguardar a calzarse ni a recoger los cabellos, asió con mucha presteza un bulto, como de ropa, que junto a sí tenía, y quiso ponerse en huida, llena de turbación y sobresalto; mas no hubo dado seis pasos, cuando, no pudiendo sufrir los delicados pies la aspereza de las piedras, dio consigo en el suelo. Lo cual visto por los tres, salieron a ella, y el cura fue el primero que le dijo:
—Deteneos, señora, quienquiera que seáis, que los que aquí veis solo tienen intención de serviros: no hay para qué os pongáis en tan impertinente huida, porque ni vuestros pies lo podrán sufrir, ni nosotros consentir.
A todo esto ella no respondía palabra, atónita y confusa. Llegaron, pues, a ella, y, asiéndola por la mano, el cura prosiguió diciendo:
—Lo que vuestro traje, señora, nos niega, vuestros cabellos nos descubren: señales claras que no deben de ser de poco momento las causas que han disfrazado vuestra belleza en hábito tan indigno, y traídola a tanta soledad como es esta, en la cual ha sido ventura el hallaros, si no para dar remedio a vuestros males, a lo menos para darles consejo, pues ningún mal puede fatigar tanto ni llegar tan al estremo de serlo (mientras no acaba la vida), que rehúya de no escuchar siquiera el consejo que con buena intención se le da al que lo padece. Así que, señora mía, o señor mío, o lo que vos quisierdes ser, perded el sobresalto que nuestra vista os ha causado y contadnos vuestra buena o mala suerte, que en nosotros juntos, o en cada uno, hallaréis quien os ayude a sentir vuestras desgracias.>>

 SONETO XXIII (Garcilaso)
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
   y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
   coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
   Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

Luis de Góngora

(1561-1627) Mientras por competir Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano; mientras con menosprecio en medio el llano mira tu blanca frente el lilio bello; mientras a cada labio, por cogello. 5 siguen más ojos que al clavel temprano; y mientras triunfa con desdén lozano del luciente cristal tu gentil cuello: goza cuello, cabello, labio y frente, antes que lo que fue en tu edad dorada 10 oro, lilio, clavel, cristal luciente, no sólo en plata o vïola troncada se vuelva, mas tú y ello juntamente en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

SONETO XIII (Garcilaso)
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!
¿Quién es Dorotea? ¿Qué relación tiene con la princesa Micomicona?

Busca el significado de "heterónimo" y "onomástica".

Descripción de Dulcinea en el capítulo XXV
Bien la conozco dixo Sancho, y se dezir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha, y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo cualquier caballero andante o por andar que le tuuiere por señora ... que rejo tiene y que voz: se dezir que se puso un día encima del campanario del aldea, a llamar unos zagales suyos, que andauan en un barbecho de su padre, y aunque estauan de allí más de media legua, así la oyeron como si estuuieran al pie de la torre y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa porque tiene mucho de cortesana, con todos se burla y de todo hace mueca y donayre. Aora digo, señor cauallero de la Triste Figura, que no solamente puede y deue vuesa merced hazer locuras por ella sino que con justo título puede desesperarse, y ahorcarse, que nadie aurá que lo sepa que no diga que hizo demasiado bien: y querría ya verme en camino sólo por verla, que ha muchos días que no la veo, y deue de estar ya trocada porque gasta mucho la faz de las mujeres andar siempre al campo, al sol y al ayre. Y confieso a vuestra merced vna verdad, señor don Quixote, que hasta aquí he estado en una grande ignorancia que pensaba bien y fielmente que la Señora Dulcinea deuia de ser alguna princesa, de quien vuestra merced estaua enamorado, o alguna persona tal, que mereciesse los ricos presentes que vuestra merced le ha enuiado: assi el del Vizcaíno como el de los galeotes, y otros muchos que deuen de ser muchas las victorias que, vuestra merced ha ganado y ganó en el tiempo que yo aún no era su escudero. Pero bien considerado, ¿qué se le ha de dar a la señora Aldonza Lorenzo, digo a la señora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan a hincar de rodillas delante della, los vencidos de vuestra merced enuia y ha de enuiar? Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras y ellos se corriesen, de verla y ella se riesse y enfadasse del presente.

DESCRIPCIÓN QUE DON QUIJOTE HACE A VIVALDO DE DULCINEA

Aquí dio un gran suspiro don Quixote; y dixo: yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo sepa que yo la sirvo; sólo sé dezir (respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide) que su nombre es Dulcinea, su patria el Toboso, un lugar de la Mancha: su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es Reyna y Señora mía. Su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos, atributos de belleza que los poetas dan a sus damas. Que sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad, son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas y no compararlas. El linaje, prosapia y alcurnia querríamos saber, replicó Vivaldo. A lo cual respondió don Quixote: no es de los antiguos Curcios, Gayos y Escipiones Romanos, ni de los modernos Colonas Vrsinos; ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña; ni menos de los Rebellas y Villanouas de Valencia; Palafoxes, Nucas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alágones, Urreas, Fozes y Curreas de Aragón; Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Palias, y Meneses de Portugal: pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje aunque moderno, tal que puede dar generoso principio a las más ilustres familias de los venideros siglos. Y no se me replique en esto, sino fuere con las condiciones que puso Cerbirio al pie del trofeo de las armas de Orlando que dezía: «Nadie las mueva que estar no pueda con Roldán a prueba».

jueves, 26 de noviembre de 2015

LAS CARTAS EN EL QUIJOTE



LA CARTA DE AMOR

Volvamos a la novela y al personaje. Sancho habría de llevar una carta de amor, junto al documento de la libranza de los pollinos dirigido a su sobrina. En esa amorosa carta habría de contarle la penitencia y la imitación que andaba haciendo de Amadís:
Sacó el libro de memoria don Quijote y, apartándose a una parte, con mucho sosiego comenzó a escribir la carta, y en acabándola llamó a Sancho y le dijo que se la quería leer porque la tomase de memoria, si acaso se le perdiese por el camino, porque de su desdicha todo se podía temer. A lo cual respondió Sancho:
—Escríbala vuestra merced dos o tres veces ahí en el libro, y démele, que yo le llevaré bien guardado; porque pensar que yo la he de tomar en la memoria es disparate, que la tengo tan mala, que muchas veces se me olvida cómo me llamo. Pero, con todo eso, dígamela vuestra merced, que me holgaré mucho de oílla, que debe de ir como de molde.
—Escucha, que así dice —dijo don Quijote.
CARTA DE DON QUIJOTE A 
DULCINEA DEL TOBOSO
Soberana y alta señora: 
El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo: si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte,
                             El Caballero de la Triste Figura
—Por vida de mi padre —dijo Sancho en oyendo la carta—, que es la más alta cosa que jamás he oído. ¡Pesia a mí, y cómo que le dice vuestra merced ahí todo cuanto quiere, y qué bien que encaja en la firma El Caballero de la Triste Figura! Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo y que no hay cosa que no sepa.

Recuerde que Oriana escribe una carta a Amadís firmándola: «Yo soy la doncella ferida de punta de espada por el corazón»; la metáfora, que sustituye el arma física por la moral, es, estilísticamente, muy efectiva. Desde la primera letra está imitando este tipo de correspondencia. Es imitación también  el saludo inicial: “Te envía la salud que él no tiene”, pues es un tópico literario ya usado por Cervantes en La Galatea, pero que aquí aparece en forma de endecasílabo. En fin, todo lo que dice son tópicos literarios de la poesía trovadoresca, del amor cortés. Tópicos: no dice nada.

¿No quedamos que mandaba una carta de amor para contarle cómo quedaba en Sierra Morena haciendo penitencia por Dulcinea? Pues eso, que es lo importante, no lo dice. Sino que ya en la carta le encarga a su escudero que sea él el que se lo cuente.

A Don Quijote no le interesa el objetivo de la carta, sino sólo el objeto: la propia carta, que sólo es una taracea de expresiones que aparecen en otras cartas de los libros de caballerías ¿Por qué? Por la propia realidad de Dulcinea, claro. Es decir: su irrealidad. 

LA CARTA MERCANTIL

Si la carta de amores estaría firmada por El Caballero de la Triste Figura, la otra ya no puede ser. A Sancho le interesa mucho que aparezca la firma, y que ésta sea legible, y que ponga bien claro el contenido: que la sobrina ha de entregar a Sancho tres de los cinco burros que hay en la casa. Un pago es un pago. Esto es serio.

Leamos el fragmento:

—Ea, pues —dijo Sancho—, ponga vuestra merced en esotra vuelta la cédula de los tres pollinos, y fírmela con mucha claridad, porque la conozcan en viéndola.
—Que me place —dijo don Quijote.
Y, habiéndola escrito, se la leyó, que decía ansí:
Mandará vuestra merced, por esta primera de pollinos, señora sobrina, dar a Sancho Panza, mi escudero, tres de los cinco que dejé en casa y están a cargo de vuestra merced. Los cuales tres pollinos se los mando librar y pagar por otros tantos aquí recebidos de contado, que con esta y con su carta de pago serán bien dados. Fecha en las entrañas de Sierra Morena, a veinte y dos de agosto deste presente año.
—Buena está —dijo Sancho—, fírmela vuestra merced.
—No es menester firmarla —dijo don Quijote—, sino solamente poner mi rúbrica, que es lo mesmo que firma, y para tres asnos, y aun para trecientos, fuera bastante.
—Yo me confío de vuestra merced —respondió Sancho—. Déjeme, iré a ensillar a Rocinante, y aparéjese vuestra merced a echarme su bendición, que luego pienso partirme, sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer, que yo diré que le vi hacer tantas, que no quiera más.

Sépase que en época de Cervantes se leyó esta carta y su contexto como una sátira contra el duque de Lerma: Sancho representa al secretario Pedro Franqueza, y los pollinos a tres de los cinco hijos de Emanuel de Saboya, cuando fueron llamados a España como posibles sucesores de Felipe III. Sea así.

Ya vemos que se reproduce, con modificaciones cómicas, la estructura de una «cédula comercial de libranza».

En fin, todo claro. Sólo falta firmarla, pero Don Quijote asegura que no hace falta firma, sino sólo rúbrica. Firma es el nombre escrito, imprescindible en todo documento mercantil real; la rúbrica es el signo dibujado que acompaña a la firma. ¿Qué documento mercantil no lleva firma? Ninguno. Pero ¿qué firma poner? La transacción económica es real, es un pago, y por lo tanto tendría que aparecer el nombre verdadero. Si Alonso Quijano pone su nombre se estaría desdiciendo de ser Don Quijote; si pone Don Quijote la señora sobrina nunca pagaría.

Todo muy claro, y el hidalgo, muy cuerdo. 
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)
·   Preliminares:
o         Portada
o         Tasa
o         Testimonio de las erratas
o         Privilegio real
o         Dedicatoria
o         Prólogo 
Versos preliminares

Primera parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (I-VIII)

ü  El hidalgo.
ü  Las lecturas del hidalgo.
ü  El caballero andante.
ü  La elección de los nombres.

o   Capítulo II, que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote:
ü  La primera salida.
ü  Don Quijote en la venta.

o   Capítulo III, donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote de armarse caballero:
ü  La vela de las armas.
ü  Don Quijote es armado caballero.

o   Capítulo IV, de lo que sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta:
ü  La aventura de Andrés.
ü  La aventura de los mercaderes.

o   Capítulo V, donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero:
ü  La vuelta al hogar.

o   Capítulo VI, del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo:
ü  El escrutinio de la biblioteca.

o   Capítulo VII, de la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha:
ü  La desaparición de la biblioteca.
ü  La segunda salida: aparece Sancho Panza.

o   Capítulo VIII, del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación:
ü  Aventura de los molinos.
ü  Los frailes de San Benito.
ü  Aventura del vizcaíno.

Segunda parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (IX-XIV)

o   Capítulo IX, donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron:
ü  Hallazgo del manuscrito.
ü  Aventura del vizcaíno.

o   Capítulo X, de lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno y del peligro que se vio con una caterva de yangüeses:
ü  Don Quijote y Sancho.

o   Capítulo XI, de lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros:
ü  Discurso de la Edad Dorada.
ü  Cena de los cabreros.
ü  Canción de Antonio.

o   Capítulo XII, de lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote:
ü  Historia de Grisóstomo y Marcela.

o   Capítulo XIII, donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos:
ü  Don Quijote y Vivaldo.
ü  Ambrosio.

o   Capítulo XIV, donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos:
ü  Canción de Grisóstomo.
ü  La pastora Marcela.
ü  Entierro de Grisóstomo.

Tercera parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ( XV-XXVII)

o   Capítulo XV, donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses:
ü  Aventura de los yangüeses.
ü  Don Quijote y Sancho.

o   Capítulo XVI. De lo que sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él se imaginaba ser castillo:
ü  En la venta.
ü  Don Quijote, Maritornes y el arriero.

o   Capítulo XVII, donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que por su mal pensó que era castillo:
ü  Sucesos de la venta.
ü  El bálsamo de Fierabrás.
ü  Manteamiento de Sancho.

o   Capítulo XVIII, donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas:
ü  Don Quijote y Sancho.
ü  Aventura de los rebaños.

o   Capítulo XIX, de las discretas razones que Sancho pasaba con su amo y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros  acontecimientos famosos:
ü  Aventura de los encamisados.
ü  El Caballero de la Triste Figura.

o   Capítulo XX, de la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la mancha:
ü  Aventura de los batanes.
ü  Don Quijote y Sancho.

o   Capítulo XXI, que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero:
ü  El yelmo de Mambrino.
ü  Don Quijote y Sancho.

o   Capítulo XXII, de la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde quisieran ir:
ü  Aventura de los galeotes.

o   Capítulo XXIII, de lo que acaeció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuenta:
ü  En Sierra Morena.
ü  Hallazgo de la maleta.
ü  Don Quijote, Sancho y el cabrero.
ü  El Roto de la Mala Figura.

o   Capítulo XXIV, donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena:
ü  Historia de Cardenio.

o   Capítulo XXV, que trata de las extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo de la penitencia de Beltenebros:
ü  Penitencia de don Quijote.
ü  Dulcinea del Toboso.
ü  Penitencia de don Quijote.

o   Capítulo XXVI, donde se prosiguen las finezas que de enemorado hizo don Quijote en Sierra Morena:
ü  Penitencia de don Quijote.
ü  Sancho, el cura y el barbero.

o   Capítulo XXVII, de cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia:
ü  Sancho, el cura y el barbero.
ü  Encuentro con Cardenio.
ü  Historia de Cardenio.

Cuarta parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (XXXIII-LII)

o   Capítulo XXVIII, que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y barbero sucedió en la misma sierra:
ü  Encuentro con Dorotea.
ü  Historia de Dorotea.

o   Capítulo XXIX, que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo:
ü  Cardenio y Dorotea.
ü  La princesa Micomicona.

o   Capítulo XXX, que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia que se había puesto:
ü  Historia de Micomicona.
ü  Don Quijote y Sancho.

o   Capítulo XXXI, de los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos:
ü  La embajada de Sancho.
ü  Encuentro con Andrés.

o   Capítulo XXXII, que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don Quijote:
ü  Los libros de caballerías.
ü  Novela del Curioso impertinente.

o   Capítulo XXXIII, donde se cuenta la novela del “Curioso impertinente”:
ü  Novela del “Curioso impertinente”.

o   Capítulo XXXIV, donde se prosigue la novela del “Curioso impertinente”:
ü  Novela del “Curioso impertinente”.


o   Capítulo XXXV, donde se da fin a la novela del “Curioso impertinente”:
ü  Aventura de los cueros de vino.
ü  Novela del “Curioso impertinente”.

o   Capítulo XXXVI, que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros bravos sucesos que en la venta sucedieron:
ü  Encuentro en la venta.

  • Capítulo XXXVII, donde se prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras:
ü  Don Quijote y Sancho.
ü  Don Quijote, Dorotea y Sancho.
ü  El cautivo y Zoraida.
ü  Discurso de las armas y las letras.

  • Capítulo XXXVIII, que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las tetras:
ü  Discurso de las armas y las letras.

ü  Historia del cautivo.

ü  Historia del cautivo.

ü  Historia del cautivo.

  • Capítulo XLII, que trata de lo que más sucedió en la venta y de muchas otras cosas dignas de saberse:
ü  El cautivo y el oidor.

  • Capítulo XLIII, donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros extraños acaecimientos en la venta sucedidos:
ü  Historia de doña Clara y don Luis.
ü  Don Quijote, atado.

  • Capítulo XLIV, donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta:
ü  Disputa por don Luis.
ü  Pleito del yelmo y la alabarda.

  • Capítulo XLV, donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la albarda, y otras aventuras sucedidas, con toda la verdad:
ü  Pleito del yelmo y la alabarda.
ü  Pendencia de los cuadrilleros.


  • Capítulo XLVI, de la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote:
ü  Pendencia de los cuadrilleros.
ü  En la venta.

  • Capítulo XLVII, del extraño modo con que fue encantado don Quijote de la Mancha, con otros famosos sucesos:
ü  Don Quijote, enjaulado.
ü  Partida de la venta.
ü  El canónigo de Toledo.
ü  El cura y el canónigo.

  • Capítulo XLVIII, donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio:
ü  El cura y el canónigo.

  • Capítulo XLIX, donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor don Quijote:
ü  Don Quijote y Sancho.
ü  Don Quijote y el canónigo.

  • Capítulo L, de las discretas altercaniones que don Quijote y el canónigo tuvieron, con otros sucesos:
ü  Don Quijote y el canónigo.
ü  El cabrero Eugenio.

  • Capítulo LI, que trata de lo que conté el cabrero a todos los que llevaban al valiente don Quijote:
ü  Historia de Leandra.

  • Capítulo LII, de la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los disciplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor:
ü  Pendencia con el cabrero.
ü  Aventura de los disciplinantes.
ü  Llegada a la aldea.
ü  Fin de la aventura.
ü  Poemas de los académicos de la Argamasilla.